#micropost

Bitácora de obrero #01

Me cuestiono haber llegado tan temprano, haberme esforzado. Siempre nace, cada nueva mañana, la pregunta: ¿Por qué hago esto? Y no puedo responder, principalmente, por la falta de alternativa.

Cuando pedaleaba hasta el depósito, pensaba: debería ser ilegal, tan temprano. Salir con 6 grados bajo cero, mal vestido, mal comido, mal pago, tendría que tener algo de ilegal. Aunque claro, todos justifican.

La paciencia siempre al límite, no encuentro que tenga virtud si es obligada. Es difícil que la mente vuele, escribo estás líneas desde algún rincón oculto en mi horario laboral. ¿Cómo llegue hasta acá? Describir, uno a uno los pasos de ese camino hasta el momento presente intuyo que sería muy trágico, o al menos, bastante estúpido. Las presentes palabras son, un intento para volar, para fingir que no estoy acá, siguiendo alguna orden sin sentido, haciendo cualquier cosa que jamás soñé y que menos sentido tiene; por eso escribo, para poder seguir, fingiendo que estoy haciendo “algo más interesante”.

Agarre una manía, desde hace unos meses, que si la observó desde otra perspectiva, pienso que más que rebelde o altanero, puede hacerme ver cómo cobarde, o algo parecido. La manía es la siguiente: me propuse hacer (nació de forma inconsciente) todo con quince minutos de retraso, incluso llegar quince minutos tarde (a excepción de hoy que hice bien el papel de idiota). Si entro a las ocho de la mañana, pues se me canta llegar ocho y cuarto. Y así con cada una de las tareas del día. Y pienso sobre este comportamiento, porque.. bueno, estoy haciendo bastante mérito como para recibir alguna reprimenda (con el tema horario). Pero creo que es el síntoma de no querer venir, de no querer estar, y también es, al mismo tiempo, mi acto de cobardía. Por venir, por estar.

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